La confianza en que las personas si queremos podemos, que juntas somos fuertes y que siempre hay una buena excusa para empezar
Desde hace un tiempo me doy cuenta de que muchas de las personas a las que saludo por la calle, las conocí y empecé a relacionarme gracias al Casal Jove.
Tuve suerte al llegar a Benicàssim de poder optar a un puesto de trabajo para dinamizar la sala de ordenadores del Casal Jove. Lo que comenzó como un trabajo parcial pasó a ser una forma de vivir. Conocer el movimiento de Casas de Juventud me hizo descubrir una profesión y una militancia, que a día de hoy tengo la fortuna de mantener.
Encajar en un municipio en el que no has nacido, a veces es complicado. Podemos buscar opciones para hacer red pero vivimos tan rápido el día a día que no tenemos oportunidades para compartir, expresar inquietudes, mirar a nuestro lado y comenzar proyectos juntas. Las Casas de Juventud, como gran parte del movimiento asociativo, permiten justo eso, involucrarte en lo que crees para mejorar la realidad con otras personas con intereses similares.
Al comenzar en el Casal tuve la sensación de que participaba en un proyecto ambicioso que confiaba en las personas adolescentes del municipio y facilitaba que tuvieran un espacio de experimentación y organización de su propio tiempo libre. Sentía que ofrecíamos la oportunidad de hacer cosas significativas, facilitábamos poder compartir con otras personas y mejorar el pueblo.
«Gracias a todas las personas que me han enseñado que somos herederas de otras generaciones».
Creo que una de las claves de todo el proyecto para mí ha sido esa confianza. La confianza en que las personas si queremos podemos, que juntas somos fuertes y que siempre hay una buena excusa para empezar. Desde esa confianza he participado en múltiples reuniones, he asumido tareas, he programado y evaluado, y a fecha actual continúo implicada con otras personas del municipio para conseguir que las personas jóvenes tengan las oportunidades que quieren y se merecen.