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La canción en las Casas de Juventud

6 de marzo de 2023 por
Associació Cultural i de Joves Ja Vorem

No tengo buena memoria, puede que sea un hecho compartido, o la condena de mucha gente, tener la incapacidad de mantener el recuerdo de gran parte de los sucesos de una humilde y corta historia personal. Pero sí que recuerdo cosas y algunas de importantes.

En 2011 hacía solo cuatro años que, en solitario, ya intentaba compartir lo que sentía mediante la música con todo lo que había canalizado en saber cómo expresarme, haciendo un proyecto personal de canción de autor. Dentro de las sociedades, muchas personas trabajan en una misma dirección, aunque parezcan de ámbitos totalmente diferentes.

En aquel 2011 un grupo de gente joven se puso en contacto conmigo para hacer un recital en unas «Jornadas de Reflexión» hacia mayo de ese mismo año. Consideraban que nuestras canciones compartían la empatía que había que transmitir en estas jornadas. Aquella fue la primera reunión de muchas donde yo maduraba, crecía, me cuestionaba la vida… Salía desde el Comtat, hacia el sur del País Valenciano, y viajaba hacia Benicàssim, y me enamoraba de aquella gente.

Comunicaban, trabajaban, eran generosos. La Maranya fue un espacio infinito porque recibía y me contagiaban la voluntad de hacer la vida de su pueblo más digna y en ella, la del mundo en general.

«Su educación perdurará en mí».

Como no estamos acostumbrados lo vemos todo inviable, pero gente como «La Maranya» aportaba trabajo, reflexión, distracción y compromiso social a la vez. ¡Casi nada!

Cada día, encontrar lugares de reunión juvenil donde tengan inquietudes por participar en el compromiso (aunque sea de manera involuntaria o gracias al subconsciente) de observar el lugar que habitan y vivirlo activamente, transformarlo, mientras ven a los amigos, generan actividades interesantes, escuchan la música que les gusta y tienen un punto de encuentro o simplemente, conviven, es difícil.

La educación es fundamental en este proceso, por eso no los hago, del todo, responsables. Una sociedad se forma con el criterio de todas las personas que la habitan y quien más condiciona esta evolución son las personas mayores.

Las cosas cambian pero cuando no hay espacios que motivan estas peculiaridades, no despiertan las inquietudes, nos convertimos en pasivos y ya sabes el resultado de este comportamiento.

Asociaciones como «La Maranya» (ahora javorem.org) dan vida y son imprescindibles. Entiendo el agotamiento que ha supuesto ir siempre contracorriente, reclamar unas condiciones para hacer actividades, formaciones, talleres… integrar al pueblo en su diversidad desde el asociacionismo (por el tiempo, dinero y formación que esto implica) y me frustra el silencio y la indiferencia de las sociedades individualistas porque condenan toda posibilidad de afrontar la vida con condiciones de calidad humana y cívica.

Me alegra recordar aquellas oportunidades, aquellos conciertos que me hicieron crecer, ese paso de convivencia. Su educación perdurará en mí, en ustedes y en toda la gente que hemos tenido el privilegio de encontrarles por el camino.


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